Minuto 4.02

No paso del minuto 4.02. Mi mente ha quedado atrapada en un bucle dentro de enero en la playa.
Abro y cierro el excel intentando despejar mi dispersión. Pero no hay forma.
Los momentos se suceden a través de mis oídos. El Margaret. Las niñas. El tiempo sin hacer nada relevante.
Escribo para que las ganas se sacien y pueda volver a picar números y letras con sentido. Ahora sin música.
Ya está. Aquí estoy.

El link en cuestión vía Ariadna.

Cállate e imagina que nadie te entiende.

Hay muchas cosas que no te digo por si te aburro. Por si crees que no soy más que lo que digo y todo lo que ves es lo que oyes.
Entonces, me quedo callada. Y te enfadas porque no te oigo. Y estoy tan lejos, entre tantos detalles banales, que me lleva un tiempo regresar. Normalmente, el doble que me lleva el irme.

Gracias

Querida,
¿Cómo estás?
Hace siete meses que no te veo y tengo que decirte que, aunque he intentado olvidarte, esto no está siendo tan fácil como debiera.
Te echo de menos. Así de fácil. Ya lo he dicho... Y aunque aquí soy feliz, no pasa una sola semana en la que no piense en ti.
Ya sabes que los cambios me cuestan demasiado, no soy tan flexible como pone en mi cv. Me viene de chica. Ya por entonces no tiraba nada. La visión de un trastero vacío me atormenta, como si la falta de trastos significara no haber tenido.
En esta nueva vida no tengo trastos porque de momento todo está ordenado. Casi casi sin caos. Pero de momento me adapto bien. Estoy recopilando recuerdos que adornen las paredes y llenen los rincones de estos nuevos días.
Y la casa está quedando bonita, aunque casi todo sea nuevo y le falte polvo. Ya sabes: es la vieja dicotomía entre viejo y nuevo.
Disculpa de antemano mi tono dramático. No quería preocuparte. Seguramente se debe a mis tres últimas noches víricas. Como la mitad de Barcelona, ando medio costipada.
Espero que tú estés bien y no te falte nada de lo tuyo: ni ruido, ni gente, ni tiendas, ni luces, ni te, ni sol, ni bicis, ni niños, ni domingos, ni nada.

Un beso desde la zona sur bonita,

Anna

Mejor dormir. O lo que se pueda.

Voy a intentar dormir para no ver las penas pasar pues, desde que llegué, se han instalado tal pelusas bajo la cama y se las ve muy cómodas, sin ninguna intención de moverse de aquí. Malditas...

Inseguridades

Él nunca sabe si su ego es lo suficientemente grande para vérselas con los demás divos. Jamás ha sido capaz de dosificar su éxito para dejar de sentirse mal por él, pues en el fondo, se sigue sintiendo un chaval faltado de afecto y aptitudes.
Hace años que cambió el Cola-Cao por el café con leche para poder levantarse por las mañanas. También se hizo con una mujer lista para ganar más silencios que charlas. Hacerse mayor. Qué tontería.
El día a día, gris y soberbio, lo soporta desde su piel de niño inmune al crecimiento. El mismo niño que cuando apaga la luz sigue soñando que conquista planetas vestido de lycra y elastán.
Pasados los cincuenta, sigue pensando que algún día alguien descubrirá que es un impostor y que nada de lo que parece, ni es tanto ni es nada. Nada sino una caricatura de sí mismo reflejada en un espejo caro y absurdo.

Aquí estamos, de colonias, y muy a gusto.

Queridos papás,
Os escribo para contaros que aquí estamos muy bien. Nos hemos hecho muy amigos y nunca nos pegamos.
Ahora que ya han pasado las primeras semanas tenemos la mayoría de nuestras cosas más ordenadas y aunque yo sigo perdiendo gran parte de mis pertenencias, él no. Es un alivio que al menos uno de nosotros sepa dónde están las cosas porque la cabaña es bastante grande y perderlo todo, todo el rato, es un engorro.
Cuando nos levantamos, cada uno se junta con los de su grupo para pasar el día. Si nos cruzamos por el campamento solemos hacer como que nos ignoramos para que los demás no sepan que nos hemos hecho tan amiguitos. Aquí no está bien visto que las niñas se hagan tan amigas de los niños.
Pero lo mejor de ser mejores amigos es que yo puedo jugar también con sus cosas, a parte de con las mías, y podemos hablar hasta tarde, aunque sea de tonterías. Sólo para reírnos.
Por eso os escribo, para deciros que no os preocupéis. Aquí estoy muy bien y creo que podré aguantar un tiempo más. De verdad.

Un beso para blanquita y otro para vosotros.

Lupe.

Grita maldito

¡Dios mío! El señor de las tinieblas se ha enfadado.
A los esclavos les ha dado por pensar que tienen un líder idiota y han hecho las maletas. Cuando el muy necio se ha dado cuenta, ya era demasiado tarde y gritaba a través de un auricular con nadie al otro lado.
Ahora grita malo. Grita. Grita hasta que te quedes sin voz.

Mi vida como un chucho de crema.

Y así fue como María pasó de ser María a ser otra. Desde el día que decidió cambiar se sentía como un chucho de crema rebosando por ambos lados. El chucho, de crema, María, de mundo interior.

El primer paso era probar. Su plan pasaba por mutar, cada día y durante 24 horas, en la primera persona que apareciera en la página 16 del periódico. De este modo podría probar un poco de aquí y allá antes de dar el gran paso.
Y ahora era la época perfecta. Como el periodo estival estaba llegando a su fin y su marido estaba liado buscando las ocupaciones que iban a llenar sus horas de jubilado María pensó, este ni se entera ni me ve. Total. Si hay que cambiar mejor a plena luz.
Aquél día aparecía en el periódico una alcaldesa del PP que había sido imputada por un fraude de 20 millones de euros. Y aquél lunes, 1 de septiembre, María se hizo alcaldesa corrupta.

Mi vida conmigo misma.

A María, las manos le olían a goma mala. Con los años los guantes de fregar se le habían pegado a la piel. En el espejo, se miraba de frente mientras se alisaba las arrugas y calculaba los meses que tardaría en mutar en una mujer de reality show. Ella. Quién lo hubiera dicho. Como las demás. O peor.
Por las mañanas el silencio se teñía de paz. Se tomaba el café y el periódico con calma. Lejos de los reproches y las zancadillas. Pero, a medida que pasaba las hojas, no podía dejar de pensar cuan feliz sería si viviera los acontecimientos en vez de leerlos.
La casa era preciosa y sus costillas le había costado pero los tiempos muertos eran infinitos. Y los tiempos de guerra tampoco eran mejores. Por allí tampoco había casi nada que hacer más que mutar. Al sol y a la sombra.
Ya se sabe y no hace falta alarmarse. Los telediarios están llenos de existencias que se transforman en historias cualesquiera. En estadísticas anuales y comparativas de años anteriores. En vidas de nada y menos.
Y aunque ella se veía diferente. A María los años le pesaban en la bata de rayas. En la de cuadros y en la lisa. Cada bolsillo añadía medio siglo a sus suspiros de vieja.
Pero un día, a medio caldo de pollo, se inspiró como nunca y decidió que aquél iba a ser su último día de maruja a tiempo completo.

A veces llueve

Que no daría yo por tener un paraguas parachoques. Uno grande y amarillo que vibrara cuando vislumbrara una devacle, que se cerrara para no entrar en debates idiotas, un paraguas grande para protegerme de las gotas ácidas. Que no me dejara mirarme los pies cuando estoy preocupada, ni soñar con realidades anticipadas.