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Nada es fácil, todo es nuevo

Volver a empezar; Pulsas el enter y no funciona; De repente las palabras ya no son tuyas; Nadie sabe quién eres y se creen que si te zarandean funcionas; Te bloqueas; Empiezas de nuevo; Te miras en el espejo y te dices que puedes.

Hoy ha estado bien, has reconocido dos caras y medio nombre. Mañana seguirás buscando a la desconocida qué serás algún día, dentro de unos meses, cuando el orden vuelva a reinar y la mesa ya tenga un montón de miguitas de galletas.

El día de la tortuga

Hacía 5 meses y medio que soñaba con tortugas.
Obviamente no cada día pero, cuando ya me había olvidado de la última...¡tachán! aquella noche aparecía otra.

Todas las tortugas me acompañaban de un modo distinto: unas simplemente estaban allí, en su río, con sus cosas; otras me mordían; y a otras las mordía yo (de verdad).
Además, las noches que las tortugas aparecían de un modo insistente, yo solía ponerme enferma y, aunque en internet las pitonisas de los sueños hablaban de esfuerzos recompensados, cinco meses después, tortugas tenía las que quería pero recompensas, ninguna.

El día de la última me levanté con la cara hinchada y los ojos entrecerrados por una por una incipiente conjuntivitis. Aquella noche había soñado con una tortuga enorme a la que me veía obligada a cocinar viva y, por lo visto, estaba siendo castigada con unas maravillosas legañas extras. Enfrente el espejo, admirando mi nuevo look, empecé a pensar en la necesidad de librarme de ellas: las amables, las moribundas, las salvajes, las madres. Todas. Pero, ¿por dónde empezar?

Y a partir de aquí, no tengo ni idea de cómo acabará la historia. A las 21.27 pm del día de la tortuga ninguna idea, relevante o con vistas de ser eficaz, ha hecho acto de presencia y tampoco Google parece muy enfocado en el asunto. Quizá el día de la tortuga es primo hermano de la marmota y hasta que no resuelva algún aspecto oculto de mi vida no acabará jamás. Quién sabe. Pero algo me dice que no se van a ir tan ligeras como aparecieron.

Tómalo como venga



Tómalo como venga. Pero échale ganas. Las cosas cambian despacio pero de repente, en un momento miras al cielo y cuando bajas la vista ya no eres la misma. No has suspirado un vamos pero hace días que tus sueños nocturnos son distintos, tranquilos y desconocidos. Los protagonistas aparecen con bigote y te dicen que estás en otro país. Cada noche y durante todas las mañanas en las que parece que no acabas de despertar del todo. Con el primer café con leche de la mañana sopesas los pros y contras aunque algo te dice que la decisión está tomada. Bueno o malo qué más da. Que venga y ya veremos.

Eruditos tecnológicos en el avión

Oh my god que diría más de uno.
Esta mañana me levanto a las 6 de la mañana. Tralarí tralarí.

Entro en el avión a las 7, lleno llenito de trajes y corbatas planchados inútilmente para sentarse entre asientos liliputienses patrocinados por nuestra amiga Vueling.

Me sientan en el que es mi asiento asignado: al lado de la ventana. Justo al lado de un abuelo pelirrojo, traje crema, camisa amarilla planchada a tres rayas en cada manga y corbata a rosa a juego con sus gemelos piedras zafiro lilas. Esto promete.
A su lado, alguien que podría ser perfectamente mi jefe. Cara amable, traje discreto, buena persona diría yo.

El que podría ser mi jefe pero no es me empieza a mirar. Okis. Ya no podría ser mi jefe. Me mira como con ganas de entablar conversación. Ups. No tengo nada que decirle ni ninguna intención de buscar palabras.

Leo el periódico. 20 minutos. Ya estamos arriba. Los chicos aplicados sacan sus carteras y sus respectivos laptops. Yo hago lo mismo para no ser menos y porque tengo que instalar el módem usb antes de llegar. Tengo el tiempo justo de adelantar un par de temas y mandarlos al llegar a la terminal.

El no jefe me mira de nuevo. Yo sigo a lo mío. Disimular tampoco se me da tan mal. Y menos si tengo una pantalla delante.

De pronto veo que llama a la azafata con gestos nerviosos. La azafata se acerca. El tío le dice algo de mí. Esto ya no promete.

Entre apurado y solemne (lo sé, es una mezcla rara pero así ha sido) me dice, él, no la azafata, que no puedo conectarme a internet en pleno vuelo. Lo sé le digo. Vuelo cada semana y me lo han explicado. Sí, pero tienes un módem usb. Sí, lo sé. También llevo bragas y no por ello las usaré contra ti pienso para mi cuando repito: lo sé, pero estoy instalando sin conexión. Estás poniendo en peligro el pasaje de este avión me dice.
Vale. Ya está bien. Guardo el módem usb bomba criminal y sigo escribiendo en el word.

El hombre sigue mirándome con su cara de buena persona.

Al cabo de un ratito, ya a punto de acabar mi lista, el abuelete se gira hacia mí: Niña, ¿no te han dicho que lo apagues? Esto es un peligro.
¿El qué es un peligro señor? ¿El Netbook o la mala hostia que me está entrando entre tanto ignorante? Me reprimo y le explico lo que es un módem.

Al salir, el no jefe me mira de nuevo. Se está esperando para decirme algo. Miro hacia otro lado. Se espera de nuevo en el pasillo del finguer. Hago como que hablo por el móvil. Putos pirados.

Buenos días.

Inseguridades

Él nunca sabe si su ego es lo suficientemente grande para vérselas con los demás divos. Jamás ha sido capaz de dosificar su éxito para dejar de sentirse mal por él, pues en el fondo, se sigue sintiendo un chaval faltado de afecto y aptitudes.
Hace años que cambió el Cola-Cao por el café con leche para poder levantarse por las mañanas. También se hizo con una mujer lista para ganar más silencios que charlas. Hacerse mayor. Qué tontería.
El día a día, gris y soberbio, lo soporta desde su piel de niño inmune al crecimiento. El mismo niño que cuando apaga la luz sigue soñando que conquista planetas vestido de lycra y elastán.
Pasados los cincuenta, sigue pensando que algún día alguien descubrirá que es un impostor y que nada de lo que parece, ni es tanto ni es nada. Nada sino una caricatura de sí mismo reflejada en un espejo caro y absurdo.

A veces llueve

Que no daría yo por tener un paraguas parachoques. Uno grande y amarillo que vibrara cuando vislumbrara una devacle, que se cerrara para no entrar en debates idiotas, un paraguas grande para protegerme de las gotas ácidas. Que no me dejara mirarme los pies cuando estoy preocupada, ni soñar con realidades anticipadas.

El compromiso sabe a sushi

Y como si con el silencio se pudiera proteger del cambio, nadie comía sushi y engullía los acontecimientos. Poquito a poco, con palillos torpes y sobredosis de salsas.
Muda y estéril se aferraba a la rutina sin permitirse teclear un solo día. Los cambios estaban para vivirlos en silencio y contarlos con el paso del tiempo. Las primeras veces acababan tomando relevancia con los años a sus espaldas, los justos para merecer la categoría de primeras sin perder color.
Y solo cuando nadie empezaba a teclear sus primeras impresiones, los espectadores sabían que había empezado el primer acto. El primero del resto que ya andaban medio digeridos.


Con los ojos cerrados y la sonrisa prieta

No han dado las 10 y ya estoy sin aliento. Busco bandas sonoras que me calmen. Webs bonitas que me distraigan. Palabras sobre la agenda que me centren. Pero nada. Esto no funciona. Salgo fuera a que me de el aire. Vuelvo sin que me haya tocado. Subo el volumen de los cascos para no oír mientras juego a masticar lento y digerir. Si me enfado demasiado quizá sea porque no ignore lo suficiente. ¿Esto va de ser anticuado o moderno? Porque a mi en el cole no me explicaron dónde andaban las fronteras...Y mientras, la línea roja que marca lo que voy a hacer y lo que jamás aceptaré se curva a cada lamento.

Versión básica de sufrimiento: nostalgia

La señora AquíEstoyParaTodo no va a estar en todo el día. Esta mañana llamó y dijo que tenía nostalgia de juventud y era incapaz de levantarse.
El doctor le recomendó paz y tranquilidad ya hace unos días, pero el día a día sólo le dió guerras y disgustos. La pobre, entre los niños, el canario, el capullo del jefe y la suegra, andaba casi a tocar la última. Viendo el panorama, su marido salió escopeteado a la tienda de ultramarinos a por raciones de amor fresco para pincharle en vena. Pero quién sabe, tal y cómo son esa gente, y al precio al que están los sentimientos, el vago ese seguro que le ha comprado un sucedáneo chino. Lo mejor sería que la llevaran al pueblo. Por allí aún sigue un amor de juventud que seguro que la sacaría a bailar, la llamaría por su nombre y le compraría un lavaplatos. Pero anda qué, si yo fuera ella, vendía a los niños al peso, mandaba al vago con la vecina a ver si lo quiere y me piraba a Cancún con el canario. Ese es el único que pide poquito.

Aunque sea un tópico, este post se va a llamar "El viaje"

Me he tomado dos cafés pero no te veo. Abro mucho los ojos para conseguir el favor de mis ojos miopes pero nada. Sigo sin verte. Quién sabe, quizá no estés. Quizá te hayas instalado de nuevo en tu vida tranquila en el extrarradio de la soledad. Quizá haya huelga de trenes, o de buses, o de ambos. O puede que sea yo la que está lejos de todo. Cómoda y tranquila en una realidad de doble fondo. La mía y la de ese ser desconocido que no me deja despertar.

Cosas que me callan y me hacen parecer idiota

Yo no soy tan guapa como tú, ni tan fuerte, ni tan lista, ni tan sintética, ni tan explícita, ni tan ordenada, ni tan graciosa.
Pero aún así me levanto cada día sola y he dormido bien. Me levanto pensando que sí que sirvo, que sí que aporto, que sí me explico. Incluso a veces pienso que me he peinado bien. Aunque los demás no piensen lo mismo (a veces me da igual lo que piensen los demás), pese que a la mínima me desordene sin poder encontrar tres letras o no me salgan dos más dos. Tengo asumido que el talento no se paga a medias y tú la realidad la sirves con cuchara sopera, aunque yo te pida con pajita. Porque tú eres así. Talentoso. Osado. Realista. Y tonto por hablar conmigo.

Miedo


El miedo es la aprehensión viva del peligro que sobrecoge y ocupa el ánimo. El temor es el convencimiento del ánimo, el efecto de la reflexión, que le hace prever y le inclina a huir del peligro.

Yo entré con mi mejor intención. Esta vez iba a ser distinto. Cuatro gritos y tres sustos de más. Total: no son sino maderas de porexpán, agua y colorante. Pero no. Resultó ser igual que siempre. Casa abandonada. Donde no entra el sol. Rojo. Sin motivo. Negro y verde visión nocturna. Aquí ya perdí el compás. Hospital. Lo sabía, siempre hay uno. Parque de atracciones. ¿Por qué?. Y algo peor aún: el metro a oscuras. Conclusión: el cine de verano al aire libre, con las sillas de la iaia y sin gritos por favor. Que es lunes.

Como un calcetín

Ponte un momentito ahí niña, que te voy a hacer una foto.
No. En la pared no. Mejor ponte al lado del taburete...
¿Pero qué coño haces al lado del taburete? ¿He dicho yo que te pongas ahí?
Sí, mejor quédate ahí quieta que ya se ve que para esto de las fotos no sirves.
Nooooooooo, así tampoco...

Anda guapa, ponte pero como sin ponerte, que pareces un estaquirot ahí de pie.
Sí, mejor aquí, al lado de la ventana...Pero...¿qué coño haces? No saltes mujer! Que tampoco es para tanto...
¡Y deja de portarte como una niña que ya no tienes edad!

Eh! Quieto ahí!

Cada vez que oigo su voz tintineante se me ponen los pelos de punta. Porque es un sonido agudo y enfermizo. Dudoso. Opaco. Muy poltergeist. Te pregunta como te va y sabes que le da igual. Y te giras y piensas: ¿por qué preguntará? Yo nunca lo hago. ¿Me da igual? Pues no pregunto. Pero esto aquí no va así. Aquí va de quererse. Y mientras me giro me sobreviene una arcada.


Ayer fui a ver Transformers.
Y solo, solo, voy a apuntar dos detalles de las dos horas que dura el peliculón.

Una evidencia: Me perdí la generación Gijoe. Una lástima también.

Una sorpresa: Aunque los protas se llamaran Optimusprime y Cybertron, y estemos en el año 2007, en el cine nadie se rió. La gente es maja y abierta de mente.

Y es que en verano el cine es lo mejor.
¿Para qué ir a ver a Kurt Cobain hablando yonki si puedes ir tras los misterios milenarios del metal con alma?
Muerte a las barriguitas.

Tres son multitud. 200 también.

Yo siempre había pensado que mis amigas, esas que dicen que nunca se casarán, no se casarían. En fin. Un mito. Porque las parejas se casan para mostrar al mundo lo bonito que es el amor.
Y mi pregunta es, sin ánimo alguno de crítica (de verdad):
¿Cuánta gente es necesaria para que se casen 2 personas?

Mi apuesta: 2

De paseo

- Que aproveche guapa! Si quieres cuando acabes con el bocata sigues conmigo...
- Gracias pero con este me quedo llena! Que te aproveche a ti también esa dosis diaria que te metes. Que parece ser que te sienta de muerte.

Odio los cambios

Ayer entraron a robar en la agencia y se llevaron mi ordenador.
Con él, se llevaron mis contactos de correo, mis teléfonos, mis mails, mis dibujos, mis archivos, mis suspiros, mi música, mis suscripciones, mis favoritos, algunos de mis passwords de años a, mis palabras, mis iconos, mis ilustraciones y una larga de mis que aún no he logrado enumerar porque a cada momento que pasa me acuerdo de algo que ya no tengo.

Ayer se me aparecieron un sinfin de imágenes de mi padre enumerándome todos sus discos duros y externos que "valen cuatro duros pero son la mar de útiles". También pude oir las múltiples conversaciones en las que me burlo de él diciéndole que no estamos en guerra y que él no es un espía ruso amenazado de muerte. Ahora él tiene sus contactos y yo no.

Pero en toda esta historia hay algo más que una copia de seguridad.
Los ladrones de mi ordenador van a formatearlo para venderlo en el puerto (o eso espero), pero antes se conectaron a mi messenger (mi última conexión era del domingo a las 23.39, cuando yo dormía tranquilamente en casita), abrieron mi correo personal y en definitiva, violaron mi intimidad.

Y es esa sensación estraña que me calla. A todos nos han engañado o robado alguna vez. Aunque sea un boli, ese jersei.
A todos nos han mentido, nos han apremiado cuando no debían, nos han manipulado, se han reído de nuestras verguenzas o nos han llamado por un mote raro. Pero esto es nuevo. Ayer me robaron mi primer PIN. Ese que tenía en casi todas las cuentas y era el primer PIN que tuvo mi padre en su primer móvil. También se llevaron un mail que guardaba desde hace casi un año para mirar de vez en cuando.
Y es esa estraña sensación que me calla. He tenido que cambiar todos mis números. Esos códigos raros que ahora forman nuestro mundo. Nuestro otro yo. Y lo peor. Esos contactos de mis amigos, mi familia. Que ellos seguro borrarán (o eso espero).

En fin, ayer me decía uno: "Anna, hace unos años a mi también me robaron la cartera..." Y aunque en su momento quise decirle que me importaba un huevo si hace dos años le quitaron 5 euros y sus documentos, conseguí callarme (punto muy positivo).
Es inútil explicar a según quién lo que afecta perder teléfonos, mails, dibujos, archivos, suspiros, música, suscripciones, favoritos, passwords de años a, palabras, iconos, ilustraciones y una larga de cosas que aún no he logrado enumerar porque a cada momento que pasa me acuerdo de algo que ya no tengo. Ojalá te roben la cartera otra vez listo. Aunque sea por insensible.

(Un favor:¿me podréis reenviar a la dirección habitual un mail? Así guardo de nuevo las direcciones!).

Come as you are


Todos tenemos una época más o menos oscura en nuestras vidas. Secretos que nos avergüenzan, por ridículos que sean, momentos y caminos que ahora pasaríamos de largo, amigos que no hubiéramos tenido, novios y rolletes que es mejor mantener en el cuarto trasero de nuestra memoria, costumbres y vicios que es mejor no documentar y una larga ristra de haberes que no queremos que nos definan. Porque ahora somos distintos, ya no somos los mismos. Y así, más de uno se negaría a pasar de nuevo por su adolescencia, su niñez no tan bucólica o sus primeros pinitos en el amor.

Pero nosotros tuvimos una suerte que no tienen los niños de ahora, no existía el Messenger, no existían los móviles, ni MySpace, Joost, Flickr...no teníamos cámaras digitales que pudieran captar instantáneamente vergüenzas, aparatos dentales, pelos indomables, vestimentas que negaremos haber llevado, borracheras, novios feos o canallas y amigas delincuentes. Y así, la mal llamada generación X, la generación que no hacía nada, que no se podía definir, que tenía que pasar sin más gloria que la de unos cuantos ídolos muertos, de pelo largo y grasiento, de camisas de cuadros y de voces agónicas que rompían corazones, nos hemos convertido en la última generación que podrá reinventar su pasado. Seremos los últimos que podremos contar a nuestros niños lo guapos que éramos, el éxito que teníamos y los amigos listos y virtuosos que nos acompañaron.

Lastres

En programación web es muy habitual etiquetar las distintas páginas para recojer datos de visitas de los usuarios, como una forma de contabilizar resultados en base a los datos recogidos.
Y esto viene al cuento porque hace algunos días que le doy vueltas a un pensamiento acerca de la dificultad de dejar atrás aquello que no nos supone beneficio alguno.
Sin parecer dramática, que ya sé que es un valor que se me supone, quisiera que una de estas etiquetas recogiera algunos datos de mi vida, para tener justificación quantitativa a las miles de veces que digo que no volveré "a lo que sea". Y es que algunos somos aún incapaces de dejar algunos lastres atrás, olvidarnos de aquello que no nos da más que disgustos.
En el fondo, no creo que sea por pena, es más bien por sentirnos de los pocos mejores.

En fin, la cosa queda así:
-- >Principio de la etiqueta Spotlight de DoubleClick: No eliminar-->
-- >El nombre de la actividad para esta etiqueta es: Beneficios que aporta -->
-- >URL del sitio Web donde debe colocarse la etiqueta: http://www.mivida.es -->
-- >Esta etiqueta debe colocarse dentro de la etiqueta , lo más cerca posible del comienzo.-->
>!-- Fecha de creación:260207 -->
var axel = Math.random()+"";
var a = axel * 1000333300000;
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>noscrept>
>img src="http://ad.es.vidas.net/activity;src=78567880;type=xdriv330;cat=;ord=1?" width="1" height="1" border="0" />
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>!-- Fin de la etiqueta Spotlight de DoubleClick: No eliminar-->