Idealmente mola más escribir ficción pero resulta que no sé

Segundo 1, está a punto de pasar.
Segundo 1'5, está pasando.
Segundo 2, ya ha pasado.
Aunque se haga eterno, habrá durado sólo un segundo.
Y ese mísero segundo tendrá más valor que todos los años que hayan transcurrido antes.
Más valor que los que vengan después.
La nada o el todo, por un mísero segundo.

Poemas de rellano y escalera

chin chin
¿quién es?
la rentrée
¿quién?
la vuelta
ui, ni idea
que abras coño
no quiero
abre que sino verás
sí, sí, lo que tú digas...
te juro por tu nómina que si no abres ya, me largo
pasa hombre :) que sólo era una bromita veraniega

Aquí seguimos

Apurando la noche en toda su extensión. Combinando lo mejor del horario gallináceo de los holandeses y los despertares tardíos de España. Es decir, durmiendo de 10 pm a 11 am.

Después de 5 días no nos hemos quitado aún la manía de mirar por la ventana y aventurar las más anárquicas previsiones del meteo:
- Hace sol. Creo que hoy me pondré pantalones cortos.
- Yo de ti no lo haría. El cielo se ha vuelto a poner muy gris. Mira, ahí va una con abrigo.
- Sí pero mira, ahí va otra en bicicleta con un bebé en manga corta.

Ayer visitamos los pueblos del norte de Holanda. Conseguimos sacar los tickets después que Dani probara el método de hablar su inglés que parece sueco pero no es ni una cosa ni la otra. Se ve que para las canciones le funciona pero para sacar billetes no.

Los pueblecitos pesqueros nos descubrieron una nueva paleta de colores gris verdosa que no habíamos visto en Amsterdam: el mar muy gris, las casas muy verdes, el cielo muy gris, el césped muy verde. El sol, eso sí, seguía en su empeño de quemarnos las retinas en cada una de sus fugaces apariciones.

Durante estos últimos días hemos estado comentando los colores tan fríos que tiene Holanda: las maderas, los papeles de las paredes, la porcelana, las alfombras, las bicis, el mar, las caras de las niñas. Todo parece preparado para sobrevivir al invierno sin predecir si tendrán verano.

Me pregunto de qué color verán los holandeses España...

- ¿Hace frío? ¿Hace sol? Ayer dijeron que las temperaturas subirían y que llegaríamos a los 19º. No parece que estemos a 19º, ¿no? Hace frío.

Dani se ha despertado.

Aterrizaje y despegue

Llegamos de Córdoba cansados de buscar sombras con la sensación de haber pasado más horas durmiendo que no despiertos. Ponemos nuestros trapitos en agua antes que culminen su proceso de desintegración solar y cogemos un avión hacia Amsterdam.

Al llegar nos invade la certeza profunda de habernos equivocado con el equipaje y antes de pisar el B&B me conciencio que voy a pasar los siete días con los mismos trapos. Seguramente combinados unos encima de otros.
Se me ocurre si una guía práctica no debería incluir las chanclas en la sección de "Qué no llevar", quitando el valioso espacio que ocupan las especies en peligro de extinción.

Nos leemos la guía de cabo a rabo y discutimos largos ratos sobre los verdaderos motivos de las inclinanciones de las casas.
No sabía yo que antes de llegar me tenía que preparar tan a fondo sobre poleas superiores pero la lógica inversa de mi amado no tiene límites.

Sobrevivo a los pelotones del carril bici, sabiendo que sólo llevamos 2 días y me quedan 5 para superarme; Dani echa fotos a todos los gatos dormidos en las ventanas; los dos nos reencontramos con Arnau y Tudela, y dormimos como lirones.

Y con el hormiguero invernal acechando tras la vuelta de la semana, pienso quan práctico sería poder envasar las horas de sueño de más en tarros de conserva de tomatina...

Siete días por contrato




Son las 5 de la mañana, nos metemos en el coche donde están mi abuela y mi abuelo allí esperando. Embutidos ya los 5 mi padre nos lleva a Granada. Mi hermana se duerme al momento. Yo dos minutos más tarde. Me despierto en Valencia.
Vamos a pasar, aunque no lo sabemos, los mejores veranos de nuestra infancia.

De golpe, han pasado por lo menos quince años. Conduzco hasta Valencia destino Córdoba. Nos vamos a Montemayor. Capital mundial del flamenquín de jamón york y pueblo de mi amor. Teníamos que salir a las 6 para estar allí para comer. Y aunque el plan en un inicio motivara por ambicioso, también carecía de realidad.

Vamos a consumir 7 días de nuestras vacaciones entre tintos, chipis y familia. El pueblo de Dani no lo he pisado aún pero me imagino ya que cada tejado cocido al sol, cada cuesta o anciana en bata fresquita, me recordará a mi abuela.

Me sorprende ver que cada carretera secundaria cuenta con dos putis club por lo menos. De pequeña nunca me fijé. Pero los meloneros siguen sitiados al borde de la gasolinera. Y las carreteras siguen desprendiendo oleadas invisibles de calor.

A nuestra llegada, compruebo que ninguna cara me es conocida pero de alguna forma, a todas las vi antes. Arrugadas en pliegues, con sus batas rayadas, de luto, de estrellitas, asomadas a las puertas abiertas, saludando a primos hermanos, tíos lejanos y familiares sin títulos recordables.

Mi abuela se hubiera sonreído al verme atrapada de nuevo entre tanto beso ajeno.

Mi vida como psd

Soy una capa nueva.
Una capa sin background.
Estoy definida por un punto sin color.
A medida que crezca me pintarán más capas.
Con el tiempo, algunas tendrán accesorios y matices.
Otras agradeceré que se muestren con filtros y desenfoques. Incluso invisibles por favor. Así haré como que no existen. Aunque pesen en mi memoria.
Como capa tendré un histórico.
Me definirán dedos y manos ajenas.
Palabras que no sé leer, marcarán mi estilo.
Si tengo suerte, a lo mejor contengo conceptos interesantes; si tengo mala estrella, puede ser que un feedback me condene a la esterilidad.
Pero al final pasaré de moda y seré catalogada bajo una temporalidad y época.
Lo único que quedará de mí será un nombre.
Y por extensión un formato.

Relaciones incomprensibles

Vas cuando ya vuelve. Tópico pero tremendamente cierto.
Te mueres por un halago o un segundo de silencio mientras él anda por allí abarcando espacios y diciendo cosas que tu no consigues hilar.
Cuando se va, un torpedo ha pasado por tu cabeza y, no sabes cómo, pero tus estructuras vuelven a fallar. Como cuando eras niño y no alcanzaste nunca a comprender.

Me doy la vuelta y saco el perro a la calle.
Hace aire. Me encanta cuando en verano hace aire y voy en manga corta.
Sé que ahora todo volverá a su sitio y podré volver a empezar. Porque aunque de fondo siga oyendo voces, sé que yo soy más importante que todo esto.
Buenas noches.

Excelente

En la agencia, agosto es el mes del excel. Los correos se abren con status de urgencia al mismo ritmo que los mails de out of the office aparecen en la bandeja de entrada.
Las cuentas corren de un lado para otro pidiendo calendarios al son plástico de sus hawaianas. Las mesas se llenan de creativos que no vieron una semana a la vista desde que cerraron sus agendas de EGB. Incluso los directores creativos parecen preocuparse por cumplir fechas. Un hito inolvidable que, a pesar de diciembre, no es común ni frecuente.
El objetivo: Ponle una fecha que así nos vamos tranquilos.

Yo, después de 4 agostos a mis espaldas en estas paredes, se que lo que ahora parecen inofensivos y bronceados status urgentes, se convertirán en malhumorados monstruos merma sentidos vitales a partir de la segunda semana de septiembre.

Pero, ¿quién se atreve a romper rutinas?
Somos uno de los pocos países del mundo que seguimos cerrando un mes entero por vacaciones. ¿Un tic de la transición quizás?

Save me

Encuentro tres canciones de Remy Zero que no sabía que tenía. Ya me he acostumbrado a los cascos grandes y le estoy sacando provecho a no oír nada. Recuerdo que ayer noche pensé tres veces quan lejos andaban algunos de la realidad. Yo misma, en la otra punta, me he visto mil veces no entender nada. Ahora no. Llevo demasiados días atada a la silla sin recibir muchos estímulos interesantes. Nunca un verano había sido tan convencional. Y nunca había disfrutado tanto de la falta de sorpresas. Malo.

A lo bueno todo el mundo se hace

Mi padre me dice que mi madre le acaba de decir que si no fuera por la familia se iría un año de viaje a Argentina con la visa.
- Y què vol fer a Argentina amb bici la mama? Si ella no va amb bici.
- Amb bici no Anna. Amb la VISA.
- Ah. Ok.

Bonito negocio para mi padre y una decisión lógica para mi madre. Porque está claro que el día a día es un coñazo comparado con las mil aventuras que uno puede vivir en Argentina con una visa que paga otro.

Porque viajar ancho, comer bien, descansar y disponer de tiempo es fantástico. Pero lo difícil no creo que sea saber todo lo que harías si tuvieras más dinero y tiempo sino encontrar aquello que puedes hacer con lo que dispones eliminando los si pudiera, los haría, los entonces sí que, y ese largo etcétera de muletas mentales que aniquilan el hacer.

Yo me mudaría a un país sin frío.
Me llevaría conmigo a mi novio. A la fuerza.
Mi perrita. En un transportín.
Y creo que me compraría unos patines.