El Doctor Amor (Doctor Love para los bilingües)

El Doctor Amor se ha mudado a mi edificio. Las que lo conocen, dicen que es el nuevo Dionisio del siglo XXI, que su belleza es inexplicable y sus consejos infalibles. Pero yo aún no le he visto, así que no puedo opinar. Solo puedo decir que su mudanza me ha traído más inconvenientes que ventajas. Las largas colas de mujeres que dan la vuelta a la manzana no me dejan subir la compra. Por no decir los gritos y peleas que se arman cada dos por tres en una escalera de metro de ancho. Y es que el tío ha establecido dos turnos: por la mañana y tarde para consulta; por la noche para las amantes despechadas que quieran hacer locuras para recuperarlo.
Y aquí estamos el resto. Desde su mudanza, en el edificio no duerme ni dios. A las vecinas nos ha mandado por correo una disculpa por anticipado por los inconvenientes que podamos sufrir. Y un vale de descuento. Eso sí. Y a los vecinos machos un correo de disculpa por las amantes, amigas, novias y esposas que vayan a perder en el proceso.
Pero no creo que esto vaya a durar mucho más. Me he informado por Internet que los malestares que ocasiona en la comunidad, y el overbooking de visitas cuando se conoce su paradero, lo obligan a mudarse muy a menudo, así que espero que esto el tío se busque otro piso antes de morir de una sobredosis de líbido.
Y espero que eso sea antes que yo decida aprovechar mi vale.

2 comentarios:

Ra y Mon dijo...

Siento bajar el nivel intelectual del blog, pero yo hace años conocí a uno que se hacía llamar 'Doctor Love', y no he podido evitar recordarlo...

¿Puede ser que estemos hablando de la misma persona?

Este que yo digo era bajito, rellenito, cara de pan y labio caído. Eso sí, su sobrenombre creaba tal espectativa entre las mujeres que siempre tenía el éxito garantizado.

pez dijo...

Ramón, el doctor love sólo existe en mi interior (y puedo confirmarte que en mi interior no es ni bajito ni relleno).
En realidad mi escalera es tan aburrida como la mayoría de ellas.
Y que así siga... Que los que van de diferentes acaban siendo un incordio.