Son las 7

Esa es la hora en la que el dios empleado del hogar le lava la cara al mundo. Media tarde de primavera, sobre las 7 cortas.
A él le gusta hacerlo a esa hora porque, post diluvio, aún quedan unas horas de luz que abren paso a un azul cielo muy bonito. Limpio. Radiante.
Además, tiene comprobado que sobre las 7 es la hora que mejores efectos tiene sobre los habitantes personas.
Como por arte de magia, encuentran un segundo para mirar por la ventana, primero sorprendidos por el cubetazo inesperado. Tormenta de verano. No parecía que iba a llover. Pues el hombre del tiempo no ha dicho ni mu. Corre, saca los cojines de las sillas del jardín; Después, mirando embobados el cielo azul claro, contentos y satisfechos de que nada haya echado a perder unas horitas de luz.

El dios que le lava la cara al mundo sabe que las 7 es la hora perfecta para que los que tienen manías pierdan unas pocas mirando el brillo mojado que se lleva el polen al desguace; para borrar los mejores pipis de los parques y así permitir que los amos de los perritos fisgones encuentren unas horas de paz; para que las abuelas del mundo tejan monederos de ganchillos lima limón; para que los niños obtengan permisos especiales para jugar a la wii un ratito más; para que los mandones manden menos y mejor, con tranquilidad y calma, al ritmo de la lluvia acompasada.

Las siete es, sin duda, la mejor hora para lavarle la cara al mundo y verlo de nuevo, por unas horitas más, azul cielo brillante.

Lunes extraños

Hay días perfectos para viajar sola. Días en los que lo más importante es mirar sin apenas oir. Para hablar sin pensar en resultar brillante. Para entender que lo que deba ser bienvenido sea y más sabiendo que la media hora extra de cama ha sido un milagro. Días para mirarse al espejo y verse con ojeras pero contenta. Días para las cosas no importantes. Para coger taxis entre edificios bonitos. Para pasar cerquita de parques verdes con gente con tiempo echada en ellos. Felices.
Son días en los que no te molesta que haya un idiota gritando desde la fila tres vestido de Neo. Días a prueba de bomba hechos para unir contrarios y no escuchar los peros. Para enterarse que los nuevos putis dan comisión a los taxistas los días de feria. Días para descubrir que lo que soñaste se une a lo que ves desde la ventanilla, mientras sabes que esta no es tu ciudad y si te hubieras quedado en casa te lo habrías perdido. Son días para ti. Días casi perfectos.

Antes y después de cuándo no debiera haber visto

Voy a alejarme de la mesa de reuniones para verlo todo en perspectiva...En un segundo con tres, quince voces de alrededor se han quedado mudas y la vocecilla feroz de mi interior no me deja pensar en nada bueno. O quizá todo lo que me dice es más que bueno pero mi miedo atroz no lo digiere como tal.
¿Dónde está ahora el cristal de seguridad? Este país es un desastre: nunca está nada donde debiera.
Como yo, el resto del séquito parece empatizar con la causa porque las víctimas siempre tienen quien las vele, al menos un ratito.
Intento aplicar las clases de yoga en un intento frustrado de mover la respiración que me aprieta los dientes al fondo del estómago. Como he dicho: frustrado. Porque en realidad, nunca presté atención en clase.
¿Por qué motivo tenemos tanto miedo al después del antes? Si quien sabe, qué nos depara de mejor.

El mundo a través de tus ojos

La semana pasada, mi hermana se fue a vivir a la india marcando un punto y seguido a la larga cola de aventureros que han tomado otros caminos los últimos dos años. Mi mente simétrica y grupal intenta poner orden al cambio así que la clasifico junto al grupo de amantes del jamón ibérico en la distancia y la distancio de los que pasan frío pero comparten franja horaria. La pongo claramente lejos de los que entienden lo que les cuentan los autóctonos, pero cerca de los que están demasiado lejos y no tienen previsto volver pronto. Lejos de los que puedo visitar en low cost y lejos de los que comen arenques a su pesar.
La listo cerca de los más cercanos y en un abrir y cerrar los ojos veo que bate récord de proximidad, aunque no abro un nuevo grupo de familiares lejanos para que no me entre la penita. Descubro, eso sí, que es mi primer contacto que come garbanzos bañados en agua picante a diario y comparte cuarto con varios sapos-come-bichos. Ya ves.
Pero en menos de dos minutos paro de clasificar porque los números no me salen. Haciendo un rápido cálculo de "lejos" enumerados, me temo que será de las que abrirá un nuevo grupo de gente que vuelve muy cambiada. Así que, una vez más, y esta vez la que más, me coloco en el grupo de los que esperan estar tan cerca en la distancia que jamás sientan los lejos.

Blanco neutro

Te aceleras al mismo tiempo que decides rendirte. Miras de frente para cruzar aún sin entender una maldita señal.
En cualquier momento vas a ser atropellada por un grito. Se ve venir, aún sin ver nada.

El tiempo se para para amontonarse de nuevo. Te giras. Hablas. Conduces. Escribes. Contestas. Sonríes. Llamas. Comes. Pero ya estás en otro lugar. Con un intenso dolor de cabeza. Uno de esos que solo se propagan por culpa de las preguntas a las que no sabes responder.

No era tan distinto cuando tenías 5 años y tus manos cortas de miras no sabían subirse el pantalón. No tenías ni idea de que fallaba pero la ropa se arremolinaba a un lado y a otro.

A 8 grados bajo un plumón invencible me acuerdo de Menorca.
El taxista pita. Tira ya mujer. Las grúas del puerto me devuelven a la Zona Franca. Y bajando.

Grita

Recuerdo que hace algún tiempo, cuando la mayor parte de las cosas interesantes que nos decíamos los unos a los otros transcurrían durante las clases, alguien se dedicó todo un año a escribirme canciones bonitas en las páginas de mi agenda.
No siempre me las tomaba a bien pues él se creía que yo tenía una vida más interesante de lo que en realidad tenía, pero un día, buscando una fecha de examen, me encontré con una letra preciosa de Jarabe de Palo.

Desde entonces deben haber pasado un trillón de años y ahora nadie me escribe notas en los calendarios porque existen logins y las agendas de papel se comparten en mesas de reuniones.
Tampoco sé lo que sería de la agenda en cuestión. Quizá está guardada en algún cajón de algún trastero. O quizá ni eso. Pero el otro día escuchando Grita, me acordé de mi agenda, y me entró una nostalgia insana de las horas perdidas sólo charlando, arreglando el mundo, entendiendo qué nos pasaba con tanto vaivén, a querer más que nadie, a reír y llorar y todo a la vez, a descubrir que sin los amigos no existías, a seguir todos los hilos menos lo que tocaba, a reír en los silencios y sobretodo, a estar allí, para lo bueno, y para lo malo.

Un beso desde la distancia al escritor de mis agendas. Estés dónde estés (esto ha quedado muy Diario de Patricia quizás).

Grita

Post número 151

Hoy he conocido un hombre extraño. Un hombre de referencias bonitas aunque de pose incómoda. Con una mirada vivida entre un qué más me da y el más puro estereotipo. Chupa de piel, pelo largo y más de tres arrugas en la frente.
Sabiéndose diferente hablaba de forma amable y segura. Buscando asentimiento sin el menor atisbo de necesitarlo. Seguramente por una mera formalidad.

Me ha hablado de jóvenes en calzoncillos que llevaban flores a sus novias al mismo tiempo que me decía no sé qué de ancianas colgadas en un pantano.
Sus referencias hablaban de James Deans postmodernos y Hércules que volvían a casa por Navidad.

Hablaba con desprecio al tópico, al perfecto, a la caricatura del estilo y la espontaneidad. A la marca, a los ejecutivos que desde sus mesas la personalizan y hacen el ridículo pensando que a partir de ahora serán guais y se rodearán de personas que también querrán ser guais.

Y tanto tópico me ha aireado el estómago. Pero para lo bueno.
Quizá el hombre extraño esté casado, con tres hijos que lo llaman mi papa y su máximo atrevimiento es decirle a su mujer que ha comprado otra marca de pan de molde. Pero, ¿sabes qué? Algo me dice que no. Así que seguiré con los ojos abiertos. Anotando referencias.

El camino sin sentido de los destinos sin fin

Érase una vez un año perdido a través del cuál nunca nadie llegó a ninguna parte.
Y aunque durante largos meses muchísimos viajeros lo intentaron tentados por el tesoro que decían que escondía su destino: 1 millón de euros ni más ni menos, nunca nadie encontró nada. Sólo calderilla. Peanuts que decían en contabilidad.

Para buscar el preciado tesoro, los más ilusos lo intentaron cargados de buenas voluntades. Pero después de meses sin dormir y sin llegar a ninguna parte, cayeron exhaustos.

Los más pacientes pensaron que era sólo cuestión de tiempo y orden. Pero después de tres mil plannings y mapas que diariamente perdían sus rutas, decidieron probar otros retos. Total, aquello tampoco se merecía sus vidas.
Más tarde probaron suerte los valientes, los ansiosos, los exploradores natos, los talentosos, los ambiciosos, los mandados, los quejicas, los llorones, los que se vieron en el camino sin desearlo, los tozudos. Pero todos los que probaron suerte vieron, en su propia cara, como las señales giraban sus rutas, borraban atajos, cambiaban caminos, giraban senderos.Y al final, nada. Porque jamás se divisaba el final.

¿Y si en realidad el final no existía? ¿Y si el destino era en realidad un crucero fantasma con una brillante popa pero con una obra muerta de porexpán?

A su vuelta, muchos viajeros acudían en tropel a las filmotecas de sus ciudades a la búsqueda de referencias fílmicas porque se decían a sí mismos, ¿cuántas tácticas basadas en la vida misma, no habrán probado los de Hollywood para producir esa cantidad de pelis de buscadores de tesoros?
Seguro que los piratas de Tyrone Power, Errol Flynn, Burt Lancaster o Johnny Deep tenían su alma plagada de traiciones, aprietos y secuelas que nada tenían que ver con las aguas del Caribe. Era lógico, porque nadie se había juntado jamás con un pirata pero sí con un productor.

Lo que pasó al final no lo sé. Me gustaría pensar que un día apareció un director creativo con alter ego de psyco killer y los puso en su sitio. O quizá fuera un joven pero ambicioso cuentas con sonrisa perfecta y lengua viperina quién les dijo lo que pensaba todo el mundo de sus reuniones inútiles, sus idas y vueltas.
Pero lo más probable es que jamás apareciera nadie y nuevos equipos de exploradores se cargaran sus mochilas de trucos de magia para lanzar al estrellato una marca sin destino.

Idealmente mola más escribir ficción pero resulta que no sé

Segundo 1, está a punto de pasar.
Segundo 1'5, está pasando.
Segundo 2, ya ha pasado.
Aunque se haga eterno, habrá durado sólo un segundo.
Y ese mísero segundo tendrá más valor que todos los años que hayan transcurrido antes.
Más valor que los que vengan después.
La nada o el todo, por un mísero segundo.

Poemas de rellano y escalera

chin chin
¿quién es?
la rentrée
¿quién?
la vuelta
ui, ni idea
que abras coño
no quiero
abre que sino verás
sí, sí, lo que tú digas...
te juro por tu nómina que si no abres ya, me largo
pasa hombre :) que sólo era una bromita veraniega