Hipoglucemia

Los animalitos campan a sus anchas por mi no jardín y mi sangre teóricamente azucarada. Desde que volqué mi tiempo libre en la jardinería y el amor por las plantas, he descubierto un sinfín de variedades animales que me separan de mi objetivo: mosquitos, pulgones verdes y naranjas, caracoles, arañas, hormigas...Todos ellos besuqueando mi rosal sin rosas, pintando de esmalte pegagoso las hojas de mis begonias, arrimando el codo a la menta sin ningún pudor.
Y mientras yo me dedico a buscar diagnósticos en google, ellos emplean todo su tiempo y más a esa difícil experiencia de sobrevivir al insecticida, el agua con jabón y la manguera a presión.
Ambos, ellos, y yo al otro lado, sabemos que la batalla está perdida. Ellos emplearán todo su verano en sobrevivir. Yo a matarlos. Juegos de vecinitos al fin y al cabo.

El patio


Desde mi hamaca todo se mueve deprisa excepto yo. He comprobado que si me tumbo en ella, mi propia vida necesita menos fotogramas para entenderse a sí misma.

Apología del absurdo

Estas últimas semanas han pasado cosas interesantísimas a mí alrededor y he pensado que os voy a contar algunas:

La primera:
Mis amigas del alma y yo decidimos que nos iríamos a pasar un fin de semana en la montaña para poder dormir juntas en una misma habitación y depurar las penas.
Y, como a nosotras las cosas fáciles no nos gustan pero somos algo vagas, llamamos a un camping cerca del Pedraforca donde ya habíamos estado una vez y casi matamos a la gallina de la dueña del camping. Pero este episodio, como es algo viejo, lo voy a pasar por alto.

El proceso de reserva fue el siguiente:
- Primero, Anna 1 llamó para pedir un bungalow de 6 para dos noches.
- Después, el novio de Anna 1 enfermó.
- Tercero, todas en bloque decidimos pasar en el Pedraforca solo una noche para que Anna 1 pudiera cuidar de su novio un día.
- Cuarto, Anna 1 llama al camping para anular una noche.
Y la señora (dueña de la gallina) le dice que le va a cobrar las dos noches igual.
- Quinto, se abre proceso de debate para ver cómo podemos engañar a la mujer sin tener que buscar el teléfono de otro camping.
- Entonces, Anna 2 dice que llamará ella para anularlo y buscar otro camping pero a media llamada, se despista y hace una segunda reserva con otro nombre.
¿Un bungalow de 6? No. Para disimular que somos el mismo grupo, Anna 2 pide uno de 5.
- Después, idea de Natalia, Anna 2 vuelve a llamar al camping para decirle a la señora de la gallina que ha habido un error y las amigas del alma han hecho dos reservas sin darse cuenta y van a anular la reserva de dos noches paraa quedarse solo con la de una.

(En general, como verás, somos muy listas y nos gusta evitar el conflicto).

El caso es que, después de tres días venerando el absurdo, nos fuimos de fin de semana al dichoso camping. Pero al irnos dejamos el bungalow algo sucio. Por las prisas y porque estábamos disimulando que éramos una más de la cuenta.

Y como nos fuimos de allí cual pubers empanadas, me dejé el dni en recepción.
(Yo lo he descubierto hoy, una semana más tarde, y después de rebuscar 20 minutos en el bolso enfrente una cola larguísima del Ikea con gente mirándome mal).

Al llegar a casa, como la mujer digna y madura que soy, he llamado para que me lo mandaran por correo.

Resultado: la mujer gorda me ha puesto a caldo (por la ducha sucia y el azúcar de la mesa principalmente). Primero a mí directamente. Después a mí otra vez pero con la mujer que tenía al lado que asentía en voz alta.
Así que, avergonzada como una vulgar puber en edad de ser pillada in fraganti haciendo cosas malas y no haciendo la pena de este modo, lo escribo aquí, en público, para que mis amigas compartan algo de vergüenza conmigo.


El resto de cosas interesantes que me han pasado os las cuento otro día que ya es bastante tarde.

Definiendo el mundo que me rodea (parte 1 de las que habrá)

- Microblogging: La mejor forma de volcar mis pensamientos apocalípticos y quejas sobre el escaso tiempo que tengo para hacer lo que me da la gana.

- Ego / Egonamás: Tabú. Respuesta a la mayoría de las dolencias que aquejan a los que me rodean.

- Condicional: modo verbal aniquilador del verbo hacer.

- Post: verborrea escrita acerca mi realidad.

Minuto 4.02

No paso del minuto 4.02. Mi mente ha quedado atrapada en un bucle dentro de enero en la playa.
Abro y cierro el excel intentando despejar mi dispersión. Pero no hay forma.
Los momentos se suceden a través de mis oídos. El Margaret. Las niñas. El tiempo sin hacer nada relevante.
Escribo para que las ganas se sacien y pueda volver a picar números y letras con sentido. Ahora sin música.
Ya está. Aquí estoy.

El link en cuestión vía Ariadna.

Cállate e imagina que nadie te entiende.

Hay muchas cosas que no te digo por si te aburro. Por si crees que no soy más que lo que digo y todo lo que ves es lo que oyes.
Entonces, me quedo callada. Y te enfadas porque no te oigo. Y estoy tan lejos, entre tantos detalles banales, que me lleva un tiempo regresar. Normalmente, el doble que me lleva el irme.

Gracias

Querida,
¿Cómo estás?
Hace siete meses que no te veo y tengo que decirte que, aunque he intentado olvidarte, esto no está siendo tan fácil como debiera.
Te echo de menos. Así de fácil. Ya lo he dicho... Y aunque aquí soy feliz, no pasa una sola semana en la que no piense en ti.
Ya sabes que los cambios me cuestan demasiado, no soy tan flexible como pone en mi cv. Me viene de chica. Ya por entonces no tiraba nada. La visión de un trastero vacío me atormenta, como si la falta de trastos significara no haber tenido.
En esta nueva vida no tengo trastos porque de momento todo está ordenado. Casi casi sin caos. Pero de momento me adapto bien. Estoy recopilando recuerdos que adornen las paredes y llenen los rincones de estos nuevos días.
Y la casa está quedando bonita, aunque casi todo sea nuevo y le falte polvo. Ya sabes: es la vieja dicotomía entre viejo y nuevo.
Disculpa de antemano mi tono dramático. No quería preocuparte. Seguramente se debe a mis tres últimas noches víricas. Como la mitad de Barcelona, ando medio costipada.
Espero que tú estés bien y no te falte nada de lo tuyo: ni ruido, ni gente, ni tiendas, ni luces, ni te, ni sol, ni bicis, ni niños, ni domingos, ni nada.

Un beso desde la zona sur bonita,

Anna

Mejor dormir. O lo que se pueda.

Voy a intentar dormir para no ver las penas pasar pues, desde que llegué, se han instalado tal pelusas bajo la cama y se las ve muy cómodas, sin ninguna intención de moverse de aquí. Malditas...

Inseguridades

Él nunca sabe si su ego es lo suficientemente grande para vérselas con los demás divos. Jamás ha sido capaz de dosificar su éxito para dejar de sentirse mal por él, pues en el fondo, se sigue sintiendo un chaval faltado de afecto y aptitudes.
Hace años que cambió el Cola-Cao por el café con leche para poder levantarse por las mañanas. También se hizo con una mujer lista para ganar más silencios que charlas. Hacerse mayor. Qué tontería.
El día a día, gris y soberbio, lo soporta desde su piel de niño inmune al crecimiento. El mismo niño que cuando apaga la luz sigue soñando que conquista planetas vestido de lycra y elastán.
Pasados los cincuenta, sigue pensando que algún día alguien descubrirá que es un impostor y que nada de lo que parece, ni es tanto ni es nada. Nada sino una caricatura de sí mismo reflejada en un espejo caro y absurdo.

Aquí estamos, de colonias, y muy a gusto.

Queridos papás,
Os escribo para contaros que aquí estamos muy bien. Nos hemos hecho muy amigos y nunca nos pegamos.
Ahora que ya han pasado las primeras semanas tenemos la mayoría de nuestras cosas más ordenadas y aunque yo sigo perdiendo gran parte de mis pertenencias, él no. Es un alivio que al menos uno de nosotros sepa dónde están las cosas porque la cabaña es bastante grande y perderlo todo, todo el rato, es un engorro.
Cuando nos levantamos, cada uno se junta con los de su grupo para pasar el día. Si nos cruzamos por el campamento solemos hacer como que nos ignoramos para que los demás no sepan que nos hemos hecho tan amiguitos. Aquí no está bien visto que las niñas se hagan tan amigas de los niños.
Pero lo mejor de ser mejores amigos es que yo puedo jugar también con sus cosas, a parte de con las mías, y podemos hablar hasta tarde, aunque sea de tonterías. Sólo para reírnos.
Por eso os escribo, para deciros que no os preocupéis. Aquí estoy muy bien y creo que podré aguantar un tiempo más. De verdad.

Un beso para blanquita y otro para vosotros.

Lupe.