Peces y otros seres lacrimógenos

Todo lo bueno se acaba. Gracias al pequeño yogui que ha ejercido de cuidador amateur, hemos contado con la salchicha peleona más de siete días. Después de ocho años de querer y no poder, ha sido todo un lujo. Y aunque ya sabía, cuando pasó la puerta, que la vería de regreso, me siento tan triste...
Supongo que puedo aplicarme aquello de las prioridades, las obligaciones y las vidas que no nos dejan, pero ahora mismo, no quiero. Por unas horas dejaré de tener 29 años para volver a los 9. Creo que estoy en mi derecho y, como veo que estoy sola, parece que nadie me lo impide.

Superluis

Me voy a comprar al centro en moto. Me paro en el tercer semáforo saliendo de casa.

Delante mío un tío mayor lleva una camiseta con un camión dibujado. Dentro, unas letras a lo Supermán anuncian a Superluis. Junto al camión, una descripción de servicios: Lampista, rotulista ocasional, boyscout, profesor de ju jitsu y un teléfono en negrita.

Superluis arranca sin que me de tiempo de hacerle una foto con el móvil. Para mi, su camiseta rebate todas las historias contadas a voces con las que me he topado en mucho tiempo.

Arranco la moto pensando que es una tranquilidad que en estos días macabros que corren algunas casas sigan contando con superhéroes tan valiosos.

Sigo aquí

Mirando telebasura televisiva con la mente en blanco intentando acallar el batiburrillo en mi cabeza. Valeriana va, valeriana viene. Resultado, ninguno.

¿Esto qué concepto tenía?

Todo es mentira. Y sobretodo el concepto.
Porque, ¿qué concepto puede tener si es mentira?

Son invenciones. Como cuando eramos pequeños y hacíamos figuritas de barro y le decíamos a nuestras mamás que eran ceniceros.
O como cuando imaginábamos que los pitufos de la cómoda tenían vida y cuando ibamos al cole no se morían de asco y polvo.

Y no digo que no sea guai esto de buscar eternamente el concepto. Pero estamos perdiendo una premisa esencial para que siga siendo divertido: El concepto no soporta feedback.

Si lo cuestionas, lo matas. ¿A que tú mamá jamás te dijo que eso no era un cenicero? No.
Ella te decía: ¿Y esto tan bonito que has hecho es...? Y esperaba. Tan simple como perfecto.

El porqué los clientes no hacen lo mismo para mí es un misterio. Un misterio del que no necesito feedback.

Eruditos tecnológicos en el avión

Oh my god que diría más de uno.
Esta mañana me levanto a las 6 de la mañana. Tralarí tralarí.

Entro en el avión a las 7, lleno llenito de trajes y corbatas planchados inútilmente para sentarse entre asientos liliputienses patrocinados por nuestra amiga Vueling.

Me sientan en el que es mi asiento asignado: al lado de la ventana. Justo al lado de un abuelo pelirrojo, traje crema, camisa amarilla planchada a tres rayas en cada manga y corbata a rosa a juego con sus gemelos piedras zafiro lilas. Esto promete.
A su lado, alguien que podría ser perfectamente mi jefe. Cara amable, traje discreto, buena persona diría yo.

El que podría ser mi jefe pero no es me empieza a mirar. Okis. Ya no podría ser mi jefe. Me mira como con ganas de entablar conversación. Ups. No tengo nada que decirle ni ninguna intención de buscar palabras.

Leo el periódico. 20 minutos. Ya estamos arriba. Los chicos aplicados sacan sus carteras y sus respectivos laptops. Yo hago lo mismo para no ser menos y porque tengo que instalar el módem usb antes de llegar. Tengo el tiempo justo de adelantar un par de temas y mandarlos al llegar a la terminal.

El no jefe me mira de nuevo. Yo sigo a lo mío. Disimular tampoco se me da tan mal. Y menos si tengo una pantalla delante.

De pronto veo que llama a la azafata con gestos nerviosos. La azafata se acerca. El tío le dice algo de mí. Esto ya no promete.

Entre apurado y solemne (lo sé, es una mezcla rara pero así ha sido) me dice, él, no la azafata, que no puedo conectarme a internet en pleno vuelo. Lo sé le digo. Vuelo cada semana y me lo han explicado. Sí, pero tienes un módem usb. Sí, lo sé. También llevo bragas y no por ello las usaré contra ti pienso para mi cuando repito: lo sé, pero estoy instalando sin conexión. Estás poniendo en peligro el pasaje de este avión me dice.
Vale. Ya está bien. Guardo el módem usb bomba criminal y sigo escribiendo en el word.

El hombre sigue mirándome con su cara de buena persona.

Al cabo de un ratito, ya a punto de acabar mi lista, el abuelete se gira hacia mí: Niña, ¿no te han dicho que lo apagues? Esto es un peligro.
¿El qué es un peligro señor? ¿El Netbook o la mala hostia que me está entrando entre tanto ignorante? Me reprimo y le explico lo que es un módem.

Al salir, el no jefe me mira de nuevo. Se está esperando para decirme algo. Miro hacia otro lado. Se espera de nuevo en el pasillo del finguer. Hago como que hablo por el móvil. Putos pirados.

Buenos días.

Íntimo

Enciendo la tele post resaca de San Juan y me doy cuenta de algo que ya sabía: en el resto de España no es festivo.

Me doy cuenta también que los programas mañaneros no han cambiado y siguen exhibiendo un puñado de marujas arregladas mostrando las intimidades de esa otra parte de España que tampoco trabaja. No porque en sus comunidades sea fiesta, sino porque no trabajan y punto. Son famosos.

Apago entonces la tele y pienso en las cosas íntimas: Defectos, situaciones absurdas adolescentes de las que adolecemos toda la vida, palabras más altas que nos gritaron al oído y no fuimos capaces de contar ni contestar, partes de nuestro cuerpo con las que jamás querríamos ser vistos.

Y también esas cosas íntimas que son nuestras aunque hagamos a la luz del día porque estamos en nuestro derecho y punto. Ese tipo de cosas de las que nos gustaría que los demás no tuvieran opinión y de paso fueran ciegos sordomudos y no alcanzaran a percibir: media horita de topless en la terraza, por poner un ejemplo.

Entonces me doy cuenta que debía ser mejor para algunos cuando los derechos estaban clasificados por género y las normas se regían por sexos: hombre mira si mujer enseña.
Yo misma estaría encantada de probar unos días al revés también, porque íntimo o no, uno está en desacuerdo dependiendo de la parte donde fue metido per se.
Clarísimo.

Hipoglucemia

Los animalitos campan a sus anchas por mi no jardín y mi sangre teóricamente azucarada. Desde que volqué mi tiempo libre en la jardinería y el amor por las plantas, he descubierto un sinfín de variedades animales que me separan de mi objetivo: mosquitos, pulgones verdes y naranjas, caracoles, arañas, hormigas...Todos ellos besuqueando mi rosal sin rosas, pintando de esmalte pegagoso las hojas de mis begonias, arrimando el codo a la menta sin ningún pudor.
Y mientras yo me dedico a buscar diagnósticos en google, ellos emplean todo su tiempo y más a esa difícil experiencia de sobrevivir al insecticida, el agua con jabón y la manguera a presión.
Ambos, ellos, y yo al otro lado, sabemos que la batalla está perdida. Ellos emplearán todo su verano en sobrevivir. Yo a matarlos. Juegos de vecinitos al fin y al cabo.

El patio


Desde mi hamaca todo se mueve deprisa excepto yo. He comprobado que si me tumbo en ella, mi propia vida necesita menos fotogramas para entenderse a sí misma.

Apología del absurdo

Estas últimas semanas han pasado cosas interesantísimas a mí alrededor y he pensado que os voy a contar algunas:

La primera:
Mis amigas del alma y yo decidimos que nos iríamos a pasar un fin de semana en la montaña para poder dormir juntas en una misma habitación y depurar las penas.
Y, como a nosotras las cosas fáciles no nos gustan pero somos algo vagas, llamamos a un camping cerca del Pedraforca donde ya habíamos estado una vez y casi matamos a la gallina de la dueña del camping. Pero este episodio, como es algo viejo, lo voy a pasar por alto.

El proceso de reserva fue el siguiente:
- Primero, Anna 1 llamó para pedir un bungalow de 6 para dos noches.
- Después, el novio de Anna 1 enfermó.
- Tercero, todas en bloque decidimos pasar en el Pedraforca solo una noche para que Anna 1 pudiera cuidar de su novio un día.
- Cuarto, Anna 1 llama al camping para anular una noche.
Y la señora (dueña de la gallina) le dice que le va a cobrar las dos noches igual.
- Quinto, se abre proceso de debate para ver cómo podemos engañar a la mujer sin tener que buscar el teléfono de otro camping.
- Entonces, Anna 2 dice que llamará ella para anularlo y buscar otro camping pero a media llamada, se despista y hace una segunda reserva con otro nombre.
¿Un bungalow de 6? No. Para disimular que somos el mismo grupo, Anna 2 pide uno de 5.
- Después, idea de Natalia, Anna 2 vuelve a llamar al camping para decirle a la señora de la gallina que ha habido un error y las amigas del alma han hecho dos reservas sin darse cuenta y van a anular la reserva de dos noches paraa quedarse solo con la de una.

(En general, como verás, somos muy listas y nos gusta evitar el conflicto).

El caso es que, después de tres días venerando el absurdo, nos fuimos de fin de semana al dichoso camping. Pero al irnos dejamos el bungalow algo sucio. Por las prisas y porque estábamos disimulando que éramos una más de la cuenta.

Y como nos fuimos de allí cual pubers empanadas, me dejé el dni en recepción.
(Yo lo he descubierto hoy, una semana más tarde, y después de rebuscar 20 minutos en el bolso enfrente una cola larguísima del Ikea con gente mirándome mal).

Al llegar a casa, como la mujer digna y madura que soy, he llamado para que me lo mandaran por correo.

Resultado: la mujer gorda me ha puesto a caldo (por la ducha sucia y el azúcar de la mesa principalmente). Primero a mí directamente. Después a mí otra vez pero con la mujer que tenía al lado que asentía en voz alta.
Así que, avergonzada como una vulgar puber en edad de ser pillada in fraganti haciendo cosas malas y no haciendo la pena de este modo, lo escribo aquí, en público, para que mis amigas compartan algo de vergüenza conmigo.


El resto de cosas interesantes que me han pasado os las cuento otro día que ya es bastante tarde.

Definiendo el mundo que me rodea (parte 1 de las que habrá)

- Microblogging: La mejor forma de volcar mis pensamientos apocalípticos y quejas sobre el escaso tiempo que tengo para hacer lo que me da la gana.

- Ego / Egonamás: Tabú. Respuesta a la mayoría de las dolencias que aquejan a los que me rodean.

- Condicional: modo verbal aniquilador del verbo hacer.

- Post: verborrea escrita acerca mi realidad.