El día del señor
Domingo es un día termómetro. Y es que las últimas horas del domingo son más definitorias que el resto de la semana.
Es cierto que es un día menos aspiracional pero, también mucho más funcional para saber por dónde andas.
Y es que las personas que han formado parte de las últimas horas de tus domingos, son más importantes que el resto de la humanidad.
Mis últimas horas de chica los ocupaban Alf y un secador súper potente+cepillo rulo con el que mi madre me torturaba; con mi primer novio presentable los domingos se morían en el cine y el frankfurt del centro; con mi mudanza a Barcelona, se fundían en el sofá con un te y María; con la marcha de María, los domingos acabaron en cena y guacamole por el Raval. De mayor, quizá los acabe entre la plancha y la verdura.
Aunque quién sabe. Quizá me hago rica famosa y mis domingos desaparecen bajo unas vacaciones sin días, sin horas, y sin lunes.
Mientras espero, feliz domingo póstumo.