Corre

Corre que se acaba el año. Corre y no pares hasta abril, que ya no hará tanto frío y las caipirinhas y el sol te curarán de este querer hacer algo más y no sólo lo que tú me digas. Corre, porque como te pillen las ganas de no mirar atrás y dar un portazo, te vas a quedar en el paro con 901 euros. Corre y corre con ganas que esto parece que se acaba y va a ser difícil seguir con lo mismo como no corras. Corre muñeca. Corre. Que como no corras, vas a tener que buscar otras palabras para describir lo que haces, corre que sino pinta que vas a ser feliz de verdad.

Y esto está mal visto.

Peter Pan

Peter Pan está dormido a mi lado. Hoy ha madrugado y ayer se acostó muy tarde.
Tiene ya algunas canas pero aún viste camisetas superpuestas y bambas fosforitas. A veces, cuando habla, pausado y lento, parece mayor. Per enseguida se despista tras una pelota o una piruleta de colores. Porque a él, le gustan los caramelos de palo de sabor intenso, de los que duran poco en la mano.
Los demás niños lo miran embobados, buscando respuestas, esperando saber si ya les toca jugar también. Se acercan, impacientes, pues saben que a él los juguetes le duran poco. Nada y menos que más.
Y cuando ya no le sirven, los abandona en un rincón, casi nuevos, relucientes, a medio estrenar...


Peter Pan ha despertado. Voy a dejar de escribir, no sea que se de cuenta que escribo sobre él y me despida.

Ese japo, ese japo

De su vida ellas eran sobradamente lo mejor pensaba mientras andaba hacia casa.
Maldito viento. Vestía su abrigo largo, bufanda larga y los oídos tapados con algodones. La calle estaba desierta. Solo se oía el viento que movía las bolsas de basura y papeles sucios de una ciudad solo limpia en los opis y panfletos.
Y así, pensaba que muchas veces demostrábamos demasiado amor a quién no lo merecía, y en cambio amábamos en silencio tantas cosas. Pero al fin y al cabo, todo se resumía dónde uno podía respirar tranquilo, sonreírse de las más solemnes tonterías y acariciar los momentos con palillos.

Ese Japo, ese japo. sms de la peligrosora. 9 de julio del 2006. 17.41.


De puro cuero 100% vacuno.

Zapatos nuevos. De un marrón brillante casi negro. Preciosos. De puro cuero 100% vacuno. Él, que nunca estrenaba nada, y heredaba casi todo, ahora se fundiría la calle a golpe de suela. Las chiquillas caerían como moscas. Su jefe lo ascendería a director general. Estaba claro.

Y así, hinchado como un palomo buchón salió a la caza de la fama merecida. Requemado por tantos años de miseria e indiferencia de la sociedad en general.

Dolores, la vecina buenorra del tercero, esa que jamás lo había visto en 21 años de escalera compartida, los divisó enseguida. -¿Zapatos nuevos señorito? -Sí señorita Dolores. Recién estrenados van. -Y Dolores, ciega a la pobreza, fiel sirvienta de la bonanza, se levantó la falda para enseñar a Gómez sus braguitas de puntilla. Blancas. Firmadas por Ariel.

Feliz como una perdiz, Gómez salió a la calle con sus casi súper poderes. Levitando a tres palmos del suelo. Una de una van. Al pasar por delante la panadería, Rosita, le sacó unos dulces y un bocata de serrano. Dos de dos. Al cruzar la avenida principal los coches frenaron de golpe estrellándose los unos contra los otros, anonadados por tanto brillo y belleza todo en uno. Tres de tres. Las niñas del colegio superior se sujetaban con fuerza las camisas, pero los botones abandonaban sin piedad sus puertos de origen. Cuatro de cuatro. Ricardo, el revistero más choni del barrio salió a su paso con tres periódicos y 400 suplementos. Todos con su número anotado. Cuatro de cuatro. Porque no era target. Al llegar a la oficina le informaron que podía tomarse unas vacaciones merecidas, pues estaba claro que las féminas de la oficina no aguantarían vestidas más de 5 minutos.

De los días que le precedieron nadie sabe, pero el 30 de noviembre se convirtió en un día histórico. Recordado por los años de los siglos porque Gómez estrenó zapatos.

El síndrome

Hay un tic muy común que no tiene cabida en los libros médicos pero asalta a un 72% de la población que curra en internet.

Se llama el síndrome del "Enviar y Recibir" y consiste en eso: el usuario, aunque tenga programado que el correo entre en su bandeja cada, digamos 1 minuto, interrumpe cualquier tarea que esté llevando a cabo para darle al botón de "Enviar y Recibir" de su programa de correo.

Y, lo que podría ser un simple tic de principiante, se convierte en un tic enfermizo cuando el usuario es capaz de darle al botón sin ser consciente de ello. Que está delante del presi, le da al botón; que la Choni buenorra de la oficina lo invita a un café, le da al botón. Da igual. Porque lo importante, es darle al botón. Lo de menos, lo que reciba. -Se reconocen también porque son los que pueden buscarte un hotel en 5 minutos, un vuelo en cuatro y un seguro de vida para dobles de cine en tres-.

Para estos casos, no hay revés. Cuando aparece el aviso del sistema con un "Espere un momento la carpeta de entrada está procesando los mensajes" los minutos ya han empezado a correr a la contra y los pocos amigos que le restan hacen por no quedar con el compulsivo en cuestión.

Dicen los virales que las consecuencias son fatídicas y que el cerebro se vuelve obsesivo e incapaz de procesar mensajes de más de tres letras y dos signos. Algunos manuales piratas confirman que el compulsivo tiene un 67% de posibilidades de quedarse en un permanente procesando. Y algunos testimonios cuentan que al mil seiscientos cuarenta y cinco toque al botón, el ordenador te corta una pierna.

Para mí uno medio por favor

Es célebre en mi familia una frase lapidaria que mi padre suelta a la menor ocasión: No hay nada peor que un tonto con iniciativa.

A mi la frase me parece buenísima, de una realidad suprema y ayer, a raíz de las noticias que nos planchan el ánimo y alimentan las facturas de Movistar, nos preguntábamos acerca de las cosas peores de nuestros días.

* ¿Es peor un un dictador ignorante o uno muy listo?

* ¿Un divo o un inseguro?

* ¿Un callado sin nada interesante que contar o un expresivo con verborrea?

* ¿Los que jamás te cuentan si se enfadan o los que se enfadan con el aire?

* ¿Los que te escriben cuando suspiran o de los que nunca se cuentan?

* ¿Los perfeccionistas o los chapuceros?

* ¿Los responsables agónicos o los pasotas felices?

* ¿Un novio buenorro  o uno feo que pase inadvertido?

* ¿Esos que hablan flojo para que no les sigas o los que chillan a grito pelao para que les oigan en la luna?

* ¿Los enamorados pesimistas o los dichosos sin cama a la que acudir?

...

Lo que pasa es que los que ven el vaso medio lleno son unos plastas y los que lo ven medio vacío elementos a evitar.

Ahora se llevan los medios.

Los del montón afortunado.

Pero esto de testear la democracia es lo que tiene. Que tenemos que hacer por caber todos.

Aunque esto ya es otro tema para otro día.

¿Y para mí que significas?




Pues para mí tú eres un minuto más, mi melocotón, un día rápido, un vamos tarde, una pesadilla menos, una toalla mojada en el sofá, un muñeco ilógico; Y él es un seguro de vida, una autopista de tres carriles, una motorhome con dirección y abs, mi número para toda la vida; Y la otra es un hula-hop descontrolado, una avioneta sin pista de aterrizaje, un batido de frutas exóticas con sal; un test sin respuestas; Y ellas son mi sofá, mi manta, mis palabras cuando no las tengo, mis días mejores, mis épocas para siempre, mis muñecas favoritas; Y los que me dejo son los que están siempre ahí, a ratitos, por épocas, los que se cuentan por cafés y horchatas. Pero lo que pasa, es que nos pasan los días de forma urgente pero sin importancia, y las prisas sustituyen los batidos, los muñecos y las épocas, y así, aunque suene ridículo, uno acaba explicándose sobre sus tareas y no sobre sus ratitos.

Entre el desagüe y las Mauricio




Estoy en la ducha. En el vestuario no queda casi nadie. Han cambiado algo en la alcachofa de la ducha que hace que el agua salga en forma de millones de finas gotitas, muy delicadas. Los barrios pijos algunas veces son lo mejor. Cierro los ojos. Abro la boca. Escupo el agua. Lo primero. Lo prioritario. Lo importante. Abro la boca. Escupo el agua. Aquello. Lo otro. La otra. Abro la boca...Y de golpe, me hundo. Primero los talones. No abro los ojos. Total. Estoy en la ducha del gim. No me puedo estar hundiendo. El suelo es de goma, es blando. Habré pisado el desagüe - ya me pasó en casa que inundé el piso de abajo-. Cuando me doy cuenta me llega el agua a los tobillos. Y de repente, estoy completamente hundida y ya no puedo gritar. Aunque tampoco habría nada que decir. Así se está de maravilla. En el agua. Sin aquello. Sin lo otro. Sin lo importante. Sin lo urgente. Sin pensar que en realidad no me he movido de la ducha. En mi mejor stand by.


Hay cosas que nunca sabrás

No me refiero a esa clase de cosas que los intelectos de la media no comprendemos. No. Hablo de cosas más básicas. Esas bases que por muy listo que seas también te afectan.
Esa clase de cosas que interesan a tú portera y tú suplicas no saber para ser feliz. Esa clase de chismes, verdades y rumores que corren en los pueblos y ahora se alimentan de mails y mensajes. Esas cosas que minan nuestra capacidad para ser inocentes, castos y puros a los 30. Que ahora es lo más.
Porque para que la vida te salga bien, es mejor no saber si tu marido se escribe guarradas con una polaca; o si tus padres querían más a tú hermano que a ti; si la vecina del quinto te oye en tus noches indecentes y se lo cuenta a su familia o si en el curro eres el pringado y tú te crees su chico de confianza. Esa. Esa clase de cosas que tienes que hacer por no saber. Pase lo que pase.

Aunque me digas que no

Es una niña. Por mucho que me digas. Por mucho que ella creciera y ahora ya no sea mía. Aunque le pasen cosas de mayores, de las que me pasan a mí y a todos. Para mí, sigue siendo mi niña. Pequeña. Muy bonita. Casi gitana. Casi perfecta. Joder. Mi hermana. Por mucho que crezca. Por mucho que ya no sea mía.